Conoce tus emociones

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Muchas veces disimulamos lo que sentimos para evitar que nos hagan daño, nos escondemos emocionalmente con la creencia de que expresar los sentimientos es una demostración de debilidad ante los demás.

Es importante aprender a reconocer nuestras emociones negativas para poder comprender qué es lo que nos está pasando y potenciar las positivas con el objetivo de encontrar el bienestar hacia uno mismo y los demás.

Las emociones desempeñan una función adaptativa (Mestre M. y  Guil R. 2012), la ira, por ejemplo, nos sirve para proteger y defender lo que valoramos como nuestro, nuestras creencias, valores y  nuestra dignidad; el miedo, moviliza las energías en el organismo para el escape o evitación de una situación valorada o interpretada como una amenaza física, psíquica o social; la tristeza, ayuda a la persona a reparar y reflexionar sobre sí mismo, también facilita el apoyo social por parte de los demás; la culpa, en lo que supone un malestar profundo, dificulta la transgresión de las normas éticas; la alegría, la función más característica es la de  mejorar las relaciones interpersonales, además, nos hace sentir bien con uno mismo y con los demás, ayuda a tener una  perspectiva más positiva de las cosas. 

emociones

El sentimiento es la experiencia subjetiva de la emoción, es la evaluación que realiza la persona cuando se enfrenta a una situación. Cuando sentimos una emoción se pone en marcha distintos procesos cognitivos como la percepción, la valoración, la atención, la memoria… La intensidad del sentimiento va a depender de como procesemos la información del mundo nos rodea y del significado personal que le demos, en definitiva, de cómo interpretamos lo que nos sucede.

La ira es una emoción que se asocia con la rabia, enojo, resentimiento, irritabilidad, indignación, hostilidad… en la experiencia subjetiva o sentimiento de la ira se experimentan sensaciones de energía e impulsividad, se siente la necesidad de actuar de forma inmediata.

Casi sin darnos cuenta nuestro cerebro se ve dominado por una sensación tan intensa que nos dirige sin rumbo a adoptar actitudes hostiles de odio, rencor y resentimiento.  Cuando el enfado se instaura focalizamos la atención en los obstáculos externos (personas) que según nuestra percepción están impidiendo que podamos alcanzar nuestros objetivos (culpamos a los demás de nuestros males). Se produce una obcecación o empecinamiento que no nos permite hacer una adecuada valoración de la situación, y como consecuencia se bloquea cualquier intento de búsqueda de alternativas.

El miedo, es una valoración de amenaza ante un estimulo o situación lo suficientemente potente como para producir un daño o desequilibrio en el organismo tanto en el plano físico como el psicológico. En la experiencia subjetiva se experimentan emociones intensas y desagradables de aprensión y malestar lo que lleva a la persona a manifestar temor, desconfianza, preocupación e inseguridad para hacer frente a la situación. Cuando sentimos miedo lo evitamos, y la evitación hace que la conducta quede reforzada (si una persona teme salir solo a la calle, no sale solo y reduce con ello su ansiedad.

Cada vez que no sale reduce su ansiedad y aumenta la frecuencia de la conducta de no salir).  Nuestros miedos están influidos por nuestra historia personal (familiar, experiencias…), de acuerdo con la capacidad de afrontamiento de cada persona, de sus creencias y expectativas de cómo enfrentarse a la situación temida hará frente a la situación o la evitará.  

La tristeza, está relacionada con la pérdida de algo importante para el bienestar de la persona. En la experiencia subjetiva o sentimiento impera el desánimo, la melancolía y el desaliento acompañados de una pérdida de energía.  La tristeza tiene que ver con valoraciones negativas con una significación importante para la persona como puede ser la muerte de un familiar, una enfermedad, un recuerdo…cualquier acontecimiento que para la persona implique una ruptura o cambio que sea percibido como una pérdida. Cuando se expresar la tristeza se envía un mensaje a las personas cercanas de la necesidad de apoyo y comprensión, percibir que nos entienden ayuda a reparar la tristeza. 

Uff…la culpa, es la emoción que surge cuando la persona se da cuenta de que ha realizado una conducta, o la omisión de ella, que ha causado un daño tanto para ellos como para terceros (pareja, hijos…). La persona reflexiona que el daño infligido ha podido generar sufrimiento, y toma conciencia de que el mal producido no encaja con su código moral.  El sentimiento de culpa se experimenta repulsivo y doloroso lo que puede derivar en pensamientos negativos, y en otras emociones como la agresividad, vergüenza, baja autoestima…  

 https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/da/8e/22/da8e22d787b856099ab326be520d3935.pngLa alegría, es la emoción que favorece el bienestar general en la persona. Potencia actitudes positivas de afecto, cariño y empatía que derivan en el establecimiento de relaciones interpersonales sanas. Facilita la flexibilidad mental (estamos más abiertos a las opiniones de los demás), amortigua el impacto de las emociones negativas, nos sentimos más creativos. Cuando estamos contentos aumenta nuestra sensación de control lo que favorece nuestra autoestima y sentido de competencia. 

Es importante poner nombre a las emociones, no es lo mismo sentir enojo que rencor, amor que ternura… etiquetar la emoción nos ayudará a tomar perspectiva del significado que estamos dando a lo que sentimos. Conocer las funciones de las emociones nos aportará información para comprenderlas un poco mejor. Reconocer la importancia que tiene la “interpretación” que hacemos sobre nuestras emociones nos dará una guía para empezar a corregir los errores que solemos cometer en la percepción de las mismas.  Y aprender a cómo reaccionamos a nuestras emociones nos pondrá en el camino de la aceptación de la responsabilidad en nuestras acciones. 

Tener emociones es normal, lo que no es normal es sufrir por ellas. Deja “espacio” para tus emociones, pero no te dejes secuestrar por ellas. 

Referencia bibliográfica.

Mestre M. y Guil R. 2012. La regulación de las emociones. “Una vía de adaptación personal y social”.  Ediciones Pirámide (Grupo Anaya, S. A.), 2012

Lola Pérez Sánchez | Psiclola

Lola Pérez Sánchez | Psiclola

Psicóloga general sanitaria especializada en adicciones, ansiedad, depresión, pánico, duelos, infidelidad en la pareja, dificultad en el manejo del estrés, baja autoestima, déficit en la regulación emocional…

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